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  • Bernabe Blanco

El título que cuelga


A finales de año llegó uno de esos momentos que te recuerdan que el tiempo va pasando y que te vas haciendo mayor, fui a renovar el carnet de conducir. Todo fue bien, me tomaron la tensión, me hicieron la prueba de la vista y la de esos dos cochecillos que cada uno va por su carril y que cuando se salen hacen un pitido. En esa me propuse no fallar ninguna vez, pero contra todo pronóstico (solo el mio) la máquina sonó muchas veces, tantas que hasta llegué a cuestionarme si me renovarían el carnet. En un arranque de orgullo estuve a punto de pedirle que me dejara repetir la prueba, que podía hacerla sin que sonase, pero decidí asumir el resultado y admitir que ya no soy el muchacho que se sacó el carnet hace 10 años. Aun así la técnico me dijo que estaba bien y me hizo unas últimas preguntas típicas, entre ellas a qué me dedicaba. Y aquí es donde muchas veces llega el conflicto que encuentro en tantas encuestas o formulario que relleno de vez en cuando. No le puedo decir que soy responsable de la comunidad (termino que en nuestro círculo se usa habitualmente) porque no me va a entender, le dije que era un monitor en un centro de acogida, pero no pareció satisfacerla y me preguntó que si era un profesor, yo le dije que pusiera eso, que más o menos se asemejaba, así que ahora en mi carnet de conducir figuro como profesor, cosa que no soy. Esto me hizo reflexionar en a dónde me ha llevado la vida, ¿Que título tengo? Hoy en día parece que lo que importa es el titulo que nos da una universidad, el nombre de la empresa para la que trabajo, o lo que he logrado alcanzar en mis fuerzas, que eso sea lo que me defina.

A las puertas del centro Vida Nueva vienen personas desesperadas pidiendo ayuda, y lo hacen de un abanico muy amplio de contextos, desde personas recogidas literalmente de la calle hasta personas que aparentemente en la sociedad han llegado muy lejos, pero que igualmente han necesitado ayuda. Yo fui uno de esos que llegan a la "comunidad" desesperados. Desde joven me afané en colgarme un título que esta sociedad valorase, me fui al extranjero con 19 años, trabajé de un montón de cosas por lo que adquirí muchísima experiencia laboral, me saqué una carrera en Inglaterra, hice amigos de todos los continentes… desde fuera todo parecía ir sobre ruedas, lo estaba consiguiendo, pero el título que colgaba en mi interior se leía "fracasado". Si me hiciesen el examen médico para renovar el carnet entonces, podría decirle a la médico: “Diseñador Gráfico” pero se lo hubiese dicho con una expresión totalmente distinta, y le hubiese dicho: “apunte también que a veces me duermo completamente descontento con mi vida, y apunte también que vivo en un puro temor desde la mañana hasta (especialmente) la noche, y también apunte que...

Todos nosotros nos empeñamos en conseguir nuestros idílicos sueños y lo que creemos nos hará exitosos en la vida, ese título que cuelgue bien de nuestro cuello, sin darnos cuenta que poco a poco se va conviertiendo en una soga que nos aprieta cada vez más. Hay una frase que dice "en aprender a vivir se nos va la vida" ¡y es tan cierta! solo tenemos una oportunidad. No podemos probar y ver que tal, y si no me sale como yo quiero vuelvo a empezar. Pero lo que si que podemos hacer es parar en nuestro frenesí descontrolado y rogar a Dios que nos de otra oportunidad, como yo hice un día y como tantas personas hacen en Vida Nueva.

Yo doy gracias a Dios porque aunque de vez en cuando pase un poco de apuro para explicar a que me dedico, tengo la convicción de que cuelga de mi cuello el mejor título que jamás podré alcanzar, el de hijo de Dios, y puedo decirlo con la mejor de mis sonrisas.

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