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  • Margarita Montes

Volver a Nacer

Todos nos equivocamos. Todos hemos hecho cosas de las cuales nos arrepentimos, y están dentro de nuestro ser, ocupando un lugar. Causándonos un dolor continuo. En muchos casos acusándonos, en otros acusando a los demás. Son cargas profundas, donde ningún ser humano puede llegar. Donde nadie y nada nos puede aliviar. Hay quien se echa todo a la espalda, donde los ojos no llegan a ver, y siguen adelante, tomando otro rumbo en la vida, creyendo que aquello ha desaparecido por el mero hecho de no verlo. Pero al cabo del tiempo, como si estuvieran dentro de un laberinto, vuelven a golpearse con el mismo muro, vez tras vez, aumentando así su carga.

Es posible que alguna vez te hayas oído suspirar con este clamor:-¡Si yo pudiera volver a nacer!

Humanamente es imposible que eso suceda. Eso lo sabemos todos. Es verdad que nuestro cuerpo no puede volver al vientre de nuestra madre, es más, seguirá su proceso natural hasta que se apague de forma natural o accidental. Pero si tan solo pudieras creer un poquito en la posibilidad de que Dios te está oyendo ese suspiro... y que si estás dispuesto a recibirlo, Él te quiere dar una nueva oportunidad.

Esto lo hemos experimentado miles de personas en este mundo y entre esos miles quisiera mostrar cómo fue que ocurrió en un hombre que aunque falleció hace ya muchos años, su historia quedó escrita como testimonio de que Dios puede trasformar una vida dispuesta a recibirle y creerle.

Este hombre era jefe de los cobradores de impuestos. Mentiroso, engañoso y ladrón. Alguien que evidentemente nadie quería tener cerca. Un hombre señalado para mal, por la sociedad de aquella época. Seguramente su carga era pesada, aunque rico eso sí, pero muy desgraciado y solo en el fondo. Cuántas veces en su pensamiento o en voz audible habría exclamado diciendo:

“¡Si yo pudiera empezar de nuevo!”

Oyó hablar de Jesús y preguntó por Él.- Le contaron las grandes cosas que hacía y de la sabiduría que tenía cuando hablaba. Y más aún, que todo aquel que a Él se acercaba con una carga, Él se la aliviaba. Y un día asombrado de oír voces en la calle supo que Jesús pasaba por ahí y quiso saber quién era, pero como era bajito, el gentío no le dejaba ver, así que corrió calle abajo donde sabía que Él iba a pasar y se subió a un árbol sicómoro y lo vio desde lejos como se iba acercando. Cuando Jesús pasaba justo debajo de su árbol, levantó la vista hacia arriba y mirándolo, le llamó por su nombre, y le dijo: Zaqueo baja, que me voy a hospedar en tu casa. Zaqueo no se lo podía creer. Sabía su nombre, Jesús sabía donde vivía él. Algo inexplicable se estaba produciendo en su corazón así que sin pensarlo, bajó loco de alegría dispuesto a recibirle en su casa, con un corazón dispuesto a escucharle. Y así comenzó el proceso de su restauración. Por el poder de Dios, su vida iba a comenzar de nuevo, se arrepintió de todos sus hecho y comenzó a actuar haciendo todo lo correcto. Su vida nunca más volvió a ser la misma. Su encuentro con Jesús rompió los esquemas de su desgracia y empezó una vida nueva. Lleno de Gozo y alegría. ¡Ahora ya sabía lo que tenía que hacer!


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