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  • Sara Irigoyen

El Gozo del servicio

Cuando alguien viene a visitar el Centro Vida Nueva por primera vez creo que algo en lo que muchas personas reparan consciente o inconscientemente es el verdadero gozo en las personas que aquí conviven, especialmente en las que llevan muchos años invertidas en el proyecto. ¿Cómo puede ser que un trabajo tan “desgastante”, tenga resultados tan favorables tras tantos años?

Este mundo lo puede llamar realización personal en el trabajo, satisfacción por el trabajo bien hecho, sueños cumplidos…


Sin embargo, este “pure joy” (“verdadero gozo” en inglés) como lo llama una de las personas que recientemente ha dado testimonio de su paso por el Centro Vida Nueva no viene de nada de estas realidades. La satisfacción por el trabajo bien hecho o la alegría por encontrarse realizado con tu trabajo es algo pasajero que en cuanto tropieza con alguna dificultad, situación inesperada o un cambio de las circunstancias que nos rodean y no podemos controlar desaparece, se esfuma tan sencillamente con vino. Sin embargo, el verdadero gozo permanece siempre, muchas veces de una forma menos exultante que lo que llamamos comúnmente “alegría”, pero que nos sostiene en los momentos difíciles, nos da seguridad ante la duda, nos empuja a seguir adelante, aunque humanamente no tengamos fuerzas, y nos mantiene confiados en saber que “todo va a ser para bien”.


El secreto de estas personas es el GOZO que pone Dios cada vez que le servimos. Por servicio me refiero a hacer lo en cada momento de mi vida mi Padre celestial ha dispuesto para mi, ya sea en mis estudios, mi iglesia, mi trabajo o mi familia, con el firme propósito de agradarle a ÉL.

Recientemente me he estado chocando con la realidad de que cuando servimos como Dios quiere y donde Dios quiere ÉL pone un incomparable y verdadero gozo en nuestras vidas, que somos incapaces de producir nosotros mismos. Esto me recuerda a los momentos en los que mi hijo de un añito pasa tiempo con su padre haciendo cosas de su trabajo u otros servicios, a mi hijo le encanta pasar tiempo con su padre y le gusta mucho que le deje estar con él en el trabajo, aún cuando realmente la única ayuda que puede ser estar tranquilito sin interferir. Le encanta poder ser de ayuda moviendo una silla o acercándole un destornillador, se ilumina su carita, le produce verdadero gozo, cuando puede ser de ayuda a su padre. Muchos de estos recuerdos seguramente no estarán llenos de risas y diversión o de satisfacción personal, pero estoy segura de que sí formarán parte de un corazón contento y lleno de gozo que le ayudarán a afrontar bien su futuro. De una forma similar, nuestro Padre cuenta con nosotros para hacer estos pequeños servicios en la tierra, y al hacerlos esto produce gozo en nuestros corazones. No es algo lógico y no tendría por qué ser así, pero Dios, un Padre perfecto ha dispuesto que se produzca gozo en nuestro corazón cuando le servimos, que disfrutemos cuando estamos con Él, sirviéndole donde Él quiere.

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