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  • Salomé Mera Coveña

Esa perfecta paternidad de Dios

Me gusta ser hija. Es evidente que todos para estar aquí tenemos que ser hijos de alguien y por lo tanto tenemos todos esa "identidad"… pero yo me refiero a la identidad de hijo que trae otro tipo de paternidad.


El otro día estuve viendo un documental, es algo que me resulta interesante, y me llamó la atención un dato. Decía que ser padre es una decisión, que un padre es el que asume la responsabilidad y se implica, y que esto provoca una reacción bioquímica en nuestro organismo que hace que lleves a cabo ese papel de padre, aunque no tengas un lazo genético con el hijo. Como muchos habremos experimentado, ya sea por nuestra propia experiencia o la de alguien cercano, hay padres naturales que no toman la responsabilidad de lo que supone una paternidad real y conlleva una desvinculación con ese hijo.

Otra cosa con la que me quedé de una especie de serie documental sobre un deporte muy exigente, es que muchos de esos deportistas venían de hogares desestructurados donde sus padres no habían cumplido con su papel o ellos mismos por su rebeldía no habían podido beneficiarse de ello. Cuando llegaban al equipo el entrenador les ponía normas y límites muy marcados, que al principio parecía incomodarles, pero que después, reconocían, que les hacía sentir que pertenecían a una familia, que eran importantes, que no daba igual su forma de comportarse porque alguien se preocupaba por ellos y les pediría cuentas, e incluso podría tomar medidas disciplinarias para que aquello no volviese a ocurrir. Ellos llegaban a ver a ese entrenador como un verdadero padre al que le podían incluso abrir el corazón, buscando, además, su agrado y aprobación. A este entrenador le importaban mucho estos muchachos, sus notas, su reputación, su actitud, etc. ¿Por qué? Porque les amaba, no solo eran para él unos simples deportistas sino que los veía como a sus propios hijos y tenía la esperanza de que les fuese bien. Después de varios años, cuando ya no formaban parte de ese equipo, ni siquiera vivían en la misma ciudad, se acordaban de ese entrenador, de sus consejos, correcciones, etc. y confesaban cómo este había afectado positivamente en sus vidas y era un verdadero modelo a seguir para ellos.


Bueno, pues con lo que me refería a ser hija es a esa perfecta paternidad de Dios. Él no te pone límites y normas para anularte, sino para tu propia protección. Te corrige, advierte y enseña para que seas la mejor versión de ti en esta tierra. Es una paternidad que te adopta sin mirar tu pasado, origen, tu ascendencia, tu raza, etc. Solamente te llama HIJO y ya está. Se genera un vínculo de amor perfecto, asume todo lo que eso conlleva, se encarga de todo tu existir y Su deseo es que te vaya bien. Parece que esta paternidad de Dios es un poco abstracta, pero no es así. Es tan real que te llena el corazón y si decides ser Su hijo, no habrá lugar a dudas de que sí lo eres.

Además, casi siempre se encarga de ponerte a una especie de entrenadores aquí en la tierra, como del que he hablado. Referentes en los que puedes ver Su reflejo y este reflejo, como hijo que eres, querrás tú también imitar, como les pasaba a estos muchachos deportistas. Esta especie de entrenadores puede que sean tus padres naturales, o no, la cosa es que son vidas que se implican, los brazos y el corazón de Dios en la tierra, que asumen la responsabilidad que pone Él mismo en sus corazones para comprometerse contigo y tomarte a su cargo. Te guían, te enseñan, te instruyen, te abrazan… es Dios mismo amándote a través de ellos, haciéndote saber que tienes pertenencia, que le importas, que formas parte de Su preciosa familia en la tierra.

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