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  • Maria Garzón

Imborrables pisadas

Hace unos días fui a acompañar a alguien a su Centro de Salud y tuvimos que esperar por un tiempo  nuestro turno. Me di cuenta que en la puerta de cada consulta el profesional tenía colocado un cartel con una frase conocida de algún buen consejo o alguna reflexión útil para los que esperábamos. En nuestra puerta se leía: “Lo mejor de la vida no es estar enamorado es  estar tranquilo”. Al principio me hizo sonreír pero  luego me dio qué pensar. Pensé que era una frase más profunda de lo que parecía y tal vez más apropiada para una consulta de psiquiatría  o psicología que de atención primaria, porque en principio las terribles consecuencias de la intranquilidad, la inquietud o la ansiedad mantenidas en el tiempo estaban más dirigidas a esos especialistas, pero me di cuenta de que en verdad era un mensaje muy realista de lo que está ocurriendo en este tiempo. Nadie está a salvo.  La peor pandemia de todas, que afecta a todos los estratos de la sociedad, sin distinción de raza o posición, sin respetar edad o credo se manifiesta en el día a día, en lo más cotidiano: EL TEMOR.

Ya estaba, ha estado siempre, pero ahora se evidencia con mayor crudeza y desolación que nunca porque a pesar de todos los avances tecnológicos, económicos, científicos, diplomáticos y humanitarios sigue extendiéndose como una plaga imparable. Nos grita: “No os podéis esconder, nacisteis conmigo y crezco con vosotros. Si no os atrapo temprano os espero en el punto de encuentro seguro:  en el borde de la muerte… ”.

Creo que nuestras generaciones anteriores luchaban en la vida contra esta plaga del temor de forma diferente. Ellos no tenían los recursos, ni los conocimientos,  ni la información que tenemos en la actualidad. Tenían la esperanza de que al contagiarse conseguirían ser inmunes, que el temor se alejaría de ellos, que no sería transmitido a sus hijos. Pero no está siendo así. En este tiempo la mayoría hemos  logrado metas inalcanzables para esas generaciones, pero estamos comprobando el desengaño y la decepción de, no sólo, no estar librándonos del temor sino que está creciendo. El temor de perder lo alcanzado o el vacío que comprobamos después de obtener lo que deseamos solo produce más inquietud.  La tragedia de los hijos que, teniendo abundancia de todas las cosas, las menosprecian y siguen temiendo tanto la opinión del grupo, que se dejan llevar en decisiones o formas de tratar a los demás que no escogerían, porque están dañando a otros o a sí mismos. Esta realidad aumenta hasta colapsar los centros  de atención primaria o de urgencias.

Trabajo con una psiquiatra que en sus consultas me enseñó algo que me gustó mucho. Ella reflejaba la historia de los acontecimientos importantes de su paciente en una línea horizontal que iba descendiendo o ascendiendo en función de la forma en que había respondido  a los acontecimientos más importantes de su vida. Descendente si era hacia el desánimo o el abatimiento, y ascendente si era hacia el entusiasmo o la euforia. Eran ondas más o menos pronunciadas pudiendo llegar hasta la depresión o la agitación. Después de ver varios de esos gráficos de diferentes personas caí en la cuenta de que cada registro me recordaba al de un electrocardiograma. Un registro  personalizado de los latidos de un “corazón invisible” a lo largo de toda una vida. El temor late con cada pensamiento que tenemos, con cada decisión que tomamos en la vida, oculto, imperceptible muchas veces hasta llegar a normalizarse, pero implacable si lo dejo crecer. ¿Cómo librarme de esta plaga? ¿En qué lugar se está a salvo?..

Cómo nos gustaría encontrar en un desierto unas huellas imborrables, que perduran  a pesar del viento que lo cambia todo. Sin duda las seguiríamos con mucha atención y nos sentiríamos a salvo. Las remarcaríamos muy bien para que nuestros hijos supiesen dónde pisar también ¿Existen esas huellas en este mundo tan cambiante y con tantos espejismos que nos llaman la atención?...La respuesta es SÍ. Existen las huellas imborrables de Alguien cuyo Poder es tan grande que me hace sentir seguro aún en la mayor dificultad, Alguien que sabe lo que me va a ocurrir antes de que suceda y me puede avisar, Alguien que conoce mis necesidades y mis  íntimos pensamientos sólo con mirarme y aún así no me abandona sino que quiere ayudarme. Alguien tan Fiel que cumple todas sus promesas, sin depender de la presión que soporte, aún cuando le vaya la vida en ello….de hecho lo hizo. JESUCRISTO entregó su vida para que yo pudiese ser libre del temor y del egoísmo que lo produce, y pudiese vivir a salvo todos mis días durante toda la eternidad. ¿Por qué? Esto es lo más incomprensible, pero lo más real que existe, por Amor. Porque he sido creado por un Dios que me amó sobre todo, aún cuando yo me alejé de El. Un Dios Fiel y Verdadero que desea que viva con El, seguro y sin temor. Cuando Jesús estuvo en la tierra y habló con las personas que le rodearon  repitió dos palabras sobre todas las demás: “No temas”…soy Yo……Yo estoy contigo…… cree solamente….

El cumplió su Palabra sobre todos los que le creyeron entonces  y sigue cumpliéndola hoy sobre todos los “valientes” que deciden creer y hacer su Palabra. Sí, esta es la forma de vida de los que buscan, encuentran y siguen sus “imborrables pisadas”.

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