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  • Irma Garmendia

La pandemia del miedo

En las últimas semanas cada vez que enciendo la televisión escucho noticias acerca del Coronavirus.

Una pandemia implica una transmisión sostenida, eficaz y continua de una enfermedad de forma simultánea en más de tres regiones geográficas distintas.

El coronavirus es un virus nuevo, cuyo genoma ya es conocido y además, se conocen las pruebas para detectarlo. La enfermedad no causa síntomas o son leves en un 81% de los casos. La mayoría de los infectados se curan y las personas que fallecen normalmente asocian otras enfermedades de base como ocurre también en las epidemias de gripe.

A pesar de todo esto, estamos ante lo que algunos expertos han denominado “la pandemia del miedo donde estamos viviendo una epidemia a tiempo real: todos los medios de comunicación, varias veces al día, todos los días, en todos los países, hablan del coronavirus”. El otro día una persona me comentó que en la ciudad donde vive se han agotado las mascarillas en las farmacias por el miedo que las personas tienen de contraer la enfermedad. El pánico hace que no seamos objetivos con la realidad del propio proceso de enfermedad y de las medidas preventivas que tenemos que tomar.

Hay una serie de dibujos animados que les gusta bastante a mis hijos donde “el malo” suele aprovechar la ocasión de “apoderarse de un personaje de la serie” cuando éste se enfada, o tiene envidia o muestra alguna debilidad. Suele usar una mariposa “que se posa sobre la “víctima” para convertirla en mala”. Recientemente, vimos un capítulo donde la mariposa solo podía “apoderarse” de las personas que le tenían miedo y en cambio, las que no temían no les pasaba nada. Sé que son unos dibujos para niños pero me impresionó recordar cómo el temor es “como una puerta” en nuestras vidas a lo malo.

El miedo nos impide ver las cosas con claridad, incluso nos hace ver amenazas y peligros donde no los hay.

Hace unos meses me pasó que volviendo al centro de noche había mucha niebla y un coche que venía en dirección contraria empezó adelantar a otro, gracias a Dios me vio y se metió a tiempo en su carril. En ese instante me dio un vuelco el corazón y me entró un miedo tremendo hasta el punto que me parecía ver luces que iban en mi carril de frente cuando estaban en el otro carril.. pensé en parar en un pueblo en el camino pero luego recapacité y vi que no podía dejarme vencer por el miedo de esas maneras. El temor nos saca de nuestra posición de hijos confiados en un Dios que tiene cuidado de nosotros y nos hace ser ineficaces.

En el día a día, me doy cuenta que necesito pelear contra “este enemigo” del temor. Antes creía que el miedo era “algo inevitable”, algo que te “asalta” y no puedes hacer nada frente al mismo. Pero no es así, si el temor quiere venir a mi vida necesito poner mi confianza en Dios de una manera práctica, si no entrarán en mi vida la desconfianza, perderé el gozo y por lo tanto las fuerzas para afrontar lo que tengo por delante.

Dios ha prometido que no tendremos una prueba delante más fuerte de la que podamos soportar. Además, ha prometido estar con nosotros hasta el fin y no hay mayor seguridad que esta, experimentar que él está conmigo.

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