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  • Juancruz

Sincero

Debo ser sincero, hay veces que te realizan preguntas “al azar”, un día cualquiera, personas diferentes, en un breve espacio de tiempo, en lugares insospechados y si me apuras, hasta inquisitoriamente, ¡Como para no poder evitar la respuesta! En resumen, sin esperar y casi a traición, ¿Por qué has permanecido en el centro? Esta cuestión parece realizada al azar, pero me hace mirar hacia lo más adentro de mí mismo, y tiene el poder de hacerme pensar una y otra vez y no poder quitármela de la cabeza. Haciéndome pensar en mis motivaciones, convicciones, errores más que probables que pueda cometer y que puedan pasar desapercibidos. Pero la pregunta sigue ahondando mucho más allá, directamente a mi conciencia, considerando mis principios, mis fundamentos, mi convicción. Realmente ¿Qué me ha llevado a permanecer en el tiempo?


En el centro tenemos por costumbre, los fines de semana, cerrar el día con una película, ¡Una buena película! De las que gustan a los chicos, de acción, de guerra, de comedia… y hay veces que hasta románticas. Es un rato en el que podemos juntarnos todos y, con la cena y la peli como excusa, pasar un tiempo en familia, en el que se crea un ambiente muy especial y único.

Hacía tiempo que no veíamos una de guerra, de mucha guerra, pero no solamente con tiros y sangre de por medio, sino con contenidos que hacen el diálogo, un diálogo que te hace pensar sobre lo que le acontece al protagonista principal. En esta peli hubo dos momentos que me hicieron reflexionar. Bueno, no os dejaré con la intriga, se trata de “Hasta el último hombre”. El primer momento fue una frase que taladró mi corazón “…las convicciones no son una broma”. Más adelante entenderéis el porqué de esta frase. La trama de esta película nos habla de un verdadero valiente y creyente firme en Dios. Convencido, no de querer ser un objetor de conciencia, si no del principio de vencer el mal con el bien, de escoger pelear legítimamente con la mejor de sus armas, el amor incondicional. Comprometido con una genuina fe y decidido a estar al lado de los que más le necesiten, sean su mejores o peores momentos. Desde muy joven, estas convicciones; (entendiéndose como la idea profundamente arraigada que rige el pensamiento o la conducta) le prepararon para el momento que tenía que llegar, ante la más compleja y difícil adversidad, la batalla de la vida, el entrenamiento para ser de los que vencen, estando al lado del que puede hacer lo imposible.

Y no, no me he olvidado de la pregunta que os relataba al principio, ¿Por qué has permanecido en el centro? Os haré una confesión que delata casi mi edad. Durante esta veintena de años, el centro ha sido un auténtico e incalculable aprovisionamiento de habilidades, dotándome de la capacidad a establecer las prioridades verdaderamente importantes y no para los momentos y acciones puntuales, sino con visión de alcanzar la meta. Tengo muchos “motivos” y ejemplos cercanos que muchas veces hacen fácil lo complejo, pero que es en los momentos complicados cuando muestran el verdadero carácter del Valiente, de los que vencen.

El otro momento de la película que me impactó, fue en plena retirada propiciada por un gran contraataque del enemigo causando muchas bajas. El protagonista se encuentra con la muerte de un compañero que anteriormente la había salvado la vida en la trinchera, y en ese momento de incomprensión sale de lo más adentro de su corazón una pregunta exclamatoria, “¡¿Qué quieres de mí?!" Entonces escucha a lo lejos el grito de desesperación de otro compañero y amigo herido, casi muerto. Ahora ya no importaba casi nada, solamente continuar llevando la ayuda que solo un preparado y entrenado valiente puede dar.


No tengo más alto honor que ser partícipe de algunas de las batallas, aún con heridas y bajas en la trinchera, recordando siempre que Dios ya venció y que su promesa “…en Él soy más que vencedor…” se hace realidad. Aprendí que en las batallas hay dos bandos, los vencidos y los vencedores, pero que existe un peldaño más en este último, ¡los más que vencedores!, los que no cuestionan cómo va la guerra sino en el bando en el que están. Creo que ya he respondido a la insistente pregunta, ¿no lo crees?

Ah, y se me olvidaba, pedir perdón a los de mi trinchera cuando en mi entrenamiento de VIDA, os ha fallado mi valentía, solamente estoy en un entrenamiento, ejercitándome en la verdadera VIDA.

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