Buscar
  • Maria Garzón

Tierra de terremotos

Llevaba tiempo deseando leer las cartas que se escriben en este blog pero parecía que esta tarea se había convertido en “misión imposible” para mi. Tanto las cartas como especialmente los testimonios que he leído siempre me producen una sensación de “aire fresco” entrando en los pulmones que me renueva y deja un poso de esperanza en el corazón.

Por fin hace unos días conseguí pararme y leí seguidas las cinco últimas que se habían publicado. No recomiendo a nadie este sistema de lectura, pero pude ver de forma clara un hilo conductor en todas ellas que me gustó muchísimo: Lo que de verdad es importante en esta vida y lo fácil que nos puede pasar desapercibido. Somos tan fáciles de influenciar con lo que vemos o sentimos que la Verdad es “camuflada” de tal manera, que la vida se nos puede pasar sin darnos cuenta, buscándola pero sintiendo cómo aumenta el vacío y la inseguridad al no encontrarla. Necesitamos conocer la Verdad de quiénes somos y la trascendencia de lo que hacemos aquí.

El año 2020 creo que será un año que nadie olvidaremos. Podemos coincidir en que ha sido un año “trascendental”. El mundo ha sido conmovido con una pandemia que ha evidenciado que ningún recurso humano es suficientemente seguro. A pesar de avances en los medios técnicos, científicos, sanitarios y políticos la verdad es que hemos sido desbordados por algo tan pequeño que no se ve pero viaja en el aire y tan silencioso que puede entrar hasta la sangre y no lo percibimos. Estamos comprobando cuántas cosas que antes nos parecían imprescindibles y necesarias ahora no lo son. Recuerdo frases de personas que me afirmaban con verdadera convicción cómo “necesitaban” celebrar determinadas fiestas regionales o familiares, salir de vacaciones fuera de su lugar de residencia, realizarse todos los chequeos médicos preventivos para estar tranquilo y… un largo etcétera para ahora comprobar que nada de todo eso es lo salvable en un terremoto de gran escala.

A nivel personal también 2020 ha sido un año doblemente conmovedor: He sido abuela por primera vez. Este hecho ha conmocionando mi vida de una forma impresionante. Ha sido un terremoto que todavía me hace temblar cada día pero de una forma muy diferente a la que habría podido provocar el virus. Estoy conmovida de GRATITUD a Dios porque hace mucho tiempo Él me enseñó lo verdaderamente importante en la vida y ahora puedo comprobar cómo, en los terremotos de que vienen me hace estar con mis pies seguros y mis manos firmes, agarrándome a Él con una y pudiendo agarrar a otros con la otra.

"Cuando nació nuestra primera hija el temblor llegó a una escala de 9 sobre 10"

Recuerdo mi primer terremoto devastador cuando a los 23 años a pesar de tener padres que me cuidaban, buena posición, estudios, diversiones y muchas distracciones me hundía en un pozo de insatisfacción e inseguridad que me ahogaba cada vez más y no podía salir. Sólo pensar en la vida me ahogaba aún mas porque no sabía cómo vivirla. Imaginar un futuro con mi propia familia, esposo e hijos era angustioso para mi porque me veía incapaz de relacionarme bien, (especialmente cuando no recibía a cambio lo que yo quería). En ese agujero negro de egoísmo clamé a Dios y Jesús vino a por mí. Me enseñó su realidad y me puso sobre un suelo firme y lleno de claridad: su Palabra, su opinión de todas las cosas, las que se ven pero especialmente las que no se ven, las que yo no conocía, las importantes, las transcendentes… Me dio confianza en Él y me rodeó de circunstancias que me hacían temblar de nuevo para que me asegurara el terreno y a quién me agarraba, en quién confiaba. Jamás me soltó. Cuanto más tiempo pasaba más le conocía y comprobaba que cumplía todas sus palabras.

Cuando nació nuestra primera hija el temblor llegó a una escala de 9 sobre 10. Se ponía a prueba y sin posibilidad de vuelta atrás lo más imposible para mi: “educar a nuestra hija”. No sólo darle bien los biberones o los horarios (¡que también!) sino darle “al corazón”, llegar ahí, hacerle llegar lo bueno y avisarla de lo malo, enseñarle lo “importante, lo seguro” en la vida para que siempre estuviese a salvo en los terremotos de la vida…. Me asusté tanto que me equivocaba mucho. Quería hacerlo tan bien que me pasaba o me quedaba corta. Sin embargo cada vez que le pedía ayuda a Dios, Él me decía la Verdad que me sacaba del temor, me daba Su mano segura. También me hacía apoyarme en otras manos más expertas que yo que también necesité. Hoy, con 58 años, compruebo día tras día que su Palabra se cumple siempre. Que cada vez que la creo y la hago le conozco más y más, y eso me llena de seguridad en esta tierra de terremotos.

"Sin embargo cada vez que le pedía ayuda a Dios, Él me decía la Verdad que me sacaba del temor"

Muchas veces cuando vienen personas al centro pidiendo ayuda vemos vidas rotas de forma muy evidente, pero cuando conocemos más “lo que no se ve” encontramos “corazones rotos” siempre por relaciones destruidas o inexistentes y por no poder responder bien a ellas. Me conmuevo de gratitud a Dios por poder transmitir a mis hijos y nietos lo más importante de esta vida, lo que trasciende: MI RELACIÓN con Él, con el FIEL y VERDADERO, con el que me enseña la verdad de quién soy y para qué estoy aquí, con el que me ama y me amará SIEMPRE.

819 vistas3 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Eufemismos

FELIZ AÑO